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EL TRATAMIENTO, EL RECORRIDO POR LAS EMOCIONES DENTRO DE UN ANÁLISIS.

Cuando nos sentimos que los problemas nos rebasan y que no estamos encontrando las soluciones que nos permitan salir de ellos, puesto que no tenemos claro hacia dónde dirigirnos buscamos la ayuda, pero sin tener en claro de qué forma se realiza, de qué se trata un psicoanálisis o si es lo mismo que ir con un psicólogo o con un psiquiátra.
De forma incuestionable, a todos y cada uno de los seres humanos nos suceden ciertos eventos a lo largo de nuestra historia que nos hacen de pronto descubrirnos en una intersección, en un punto en el que la vida nos puede presentar un vuelco; la forma en que vivamos este cisma estará en buena medida dada por la manera en que utilizamos nuestras emociones, las cuales nos hacen tomar las cosas, ya sea como problemas tremendos, sobre dimensionados, imposibles de resolver o, en el otro extremo como casi imperceptibles, minimizados y lo más grave, es que los consideramos sin consecuencia alguna para nuestra vida.
Ya sea que los vivamos en uno u otro extremo de la experiencia – como devastadores o sin importancia – nuestro mundo interno, nuestros afectos no sólo nos van moldeando en la vida, sino que van dejando su marca. Es justo en este punto donde debemos detener nuestra vertiginosa huída para poder entender lo que nos sucede, para poder nombrar lo que sentimos y, a través de ello permitirnos pensar en lo que verdaderamente estamos haciendo para poder construir una nueva lectura tanto de las cosas que nos están pasando como de nuestra participación en dichos eventos. Sólo después de ello, podremos afirmar que de una determinada situación hemos logrado conseguir un aprendizaje sobre nosotros mismos y, lo más importante, lograr cambiar de lugar a uno donde el costo afectivo no sea devastador.
El tratamiento está dado a partir de una serie de sesiones, una o dos por semana las cuales dependen más bien del interés y compromiso por conocer lo que sucede en el interior de nuestras emociones que nos hacen, como se ha venido exponiendo detenernos en la vida en vez de lograr una autonomía y mayor campo de acción para hacerla plena.
En dichas sesiones, se busca no sólo exponer lo que nos duele y que nos ha hecho vernos atrapados en un entre dicho, viéndonos obligados a aceptar, por lo menos, que hay algo no que nos provoca un cierto monto de dolor, tristeza, angustia, frustración, enfado y que hace que nuestras relaciones se vengan abajo al no poder salir del atolladero y que sea el analista quien dé la solución.
Por el contrario, lo que en un tratamiento se busca es que el paciente logre nombrar, expresar y pensar en voz alta, junto con el analista, todo sobre aquéllas situaciones que lo hace sentir mal, para que entre los dos sea posible clarificar de dónde proceden los conflictos, quitándoles su peligrosidad y a través del reconocimiento de la forma en que se está implicado, la responsabilidad que tenemos dentro de la historia de la que nos dolemos.
Es importante aclarar las diferencias que se encuentran con otras áreas como la psicología o la psiquiatría, pues que un verdadero tratamiento con cualquier profesional no se va a reducir a conseguir de él <<consejos>> que nos terminen por marcar hacia dónde dirigirnos y confundir esto con una <<orientación>> que sólo termine por conseguir un cierto grado de bienestar temporal y que termine por ser otro quién resuelva lo que sucede en la vida. Un psicólogo puede hacer evaluaciones pero para ejercer lo que es la psicoterapia ya que se requiere de mayor entrenamiento; mientras que un médico psiquiátra es el único profesional que su preparación le autoriza para dar medicamentos, sin embargo no todos los pacientes deben tomarlos puesto que si se tienen más recursos emocionales y no tiene una condición grave en su padecer pueden entonces acceder a un tratamiento en psicoanálisis.
El reto al que invita un Psicoanálisis es a abrir un espacio en donde podamos trabajar por desenredar el lenguaje, ese mismo con el que habitualmente nos comunicamos sin percatarnos de lo que en verdad llegamos a decir y, como se expresó con antelación, del cómo éste va dejando su marca en nuestra historia que <<sin darnos cuenta>> terminamos por repetir haciendo que nuestra herida emocional sea más grande en cada intento por encontrar salida.
Es por esto que la labor del psicoanalista es la de ser un lector de <<eso>>, eso que ha quedado atrapado en el lenguaje y que pese a ser dicho y repetido, no se alcanza a escuchar en sus resonancias dentro de nuestra vida anímica. Lo dicho en palabras encierra un mensaje cifrado, éste expresa el sentido sobre lo que se vive, lo que se dese y se sufre. En el tratamiento se pretende ir más allá y decir en las palabras, pensando en voz alta junto con el analista, las ideas, las nociones, las imágenes que inundan la mente, y que se agolparon en un momento de vida, lo cual hizo en su momento imposible nombrarlas y es por ello que dejaron huella en nosotros.
Así, en el tratamiento se abre la brecha para poder escuchar la repetición de los eventos, puestos en palabras, nombrados; en dicha repetición, no existe la casualidad y, menos el azar sino que su causa, que es lo que nos produce el dolor, es lo que se encuentra arraigado en las penumbras de nuestra historia. Pertinente aclarar que el recorrido propuesto no se constriñe a ver sólo el pasado, pensar en pretérito; no es necesario, puesto que los eventos que nos aquejan en el presente son sólo la repetición de lo ya sabido de nuestra historia, pero que jamás no hemos detenido a pensar qué quieren decir de nosotros mismos. El pasado es el que vía la repetición de sucesos, se actualiza en el presente.
Por tal motivo, es que vale la pena detenernos y conocer más a detalle lo que acontece en nuestras vidas, frenar la repetición que es el intento desesperado de entender a través de las acciones, lo que en algún momento en nuestra historia de vida no se logró comprender a través de las palabras.
Es este el trabajo sesión a sesión, el ir develando ese mensaje cifrado, oculto en el discurso del paciente que encierra la historia de su quebranto. El objetivo de un análisis no se reduce a la simple eliminación de síntomas, a lograr que sólo nos deje de doler, que si bien es importante sólo se lograría con ello un cierto grado de bienestar. El reto de la labor, en la metáfora, es emprender un viaje a través de la historia de vida del paciente, por vía de sus palabras, para que logre reencontrarse con lo que verdaderamente le ocasiona el dolor, reencontrarse consigo mismo y, en un segundo tiempo, una vez desmantelados los circuitos de su repetición lograr construir(se) desde otro lugar.
 

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